Cascada cerca a Lumbaqui, Ecuador, enero 2018

La gente a menudo me pregunta cómo aparecí en Colombia. Cómo se me había ocurrido viajar sola por Sudamérica, hacer dedo, ir caminando? Y si, en general, todo está en orden con mi cabeza…

Bueno, está bien, la última pregunta la gente decente no suele decir en voz alta, pero aún así surge. Y todavía estoy buscando la respuesta. 😉

¿Alguna vez has sentido insatisfacción con tu vida? ¿Qué no estás donde deberías estar, andas haciendo cosas que no te satisfacen y, en general, no perteneces? Probablemente, como muchos de ustedes, intenté escapar de este sentimiento opresivo, pasando por varias etapas.

Escapar al trabajo

Terminé la universidad. Vivía en una habitación que alquilaba por la mitad de mi salario y no tenía pareja. Mi vida era muy aburrida, espacialmente durante los largos inviernos, cuando salir a la calle parece un acto heroico. Lo único que me hacía feliz era mi trabajo. Era tan interesante, tantos nuevos retos; me quedaba hasta las 12 de la noche y trataba de hacer todas las tareas de la manera más perfecta.

En el museo de mi escritor favorito Mijaíl Bulgákov, Moscú 2014

Tuve un pequeño conflicto con la gerente, ella creía que tenía problemas con la gestión del tiempo y las prioridades (en aquel momento, me parecía que ella estaba equivocada). Cuando volvía a casa, era muy tarde y yo estaba tan cansada que no podía pensar en nada; mucho menos analizar críticamente mi presente o mi futuro. Y así comencé a sufrir ataques de pánico.

Escapar al amor

Después de un tiempo, estas manifestaciones de ansiedad y arrebato poco razonables, las cuales llamé “ataques de pánico”, comenzaron a preocuparme de veras. Decidí que lo que me podía ayudar eran ejercicios deporte y/o el sexo. Siendo bastante perezosa para las actividades físicas, me decidí por el segundo.

Tarragona, España, 2015

Empecé una relación, y los ataques de pánico, se desaparecieron. En general, todo había mejorado mucho. Mi presente ya no me parecía tan terrible, comencé a darle menos importancia a mi trabajo, andaba en un grupo de nuevos amigos universitarios pasándola más de bien. Todo fue genial hasta que el novio me dejó…

Escapar a una fiesta

Comencé a llevar una vida social muy activa. Los jueves, los viernes, los sábados y, a veces, los lunes, salía a bailar, a menudo durante toda la noche (hasta que se abre el metro a las 5:30 am), luego me duchaba y me cambiaba en casa e iba a trabajar.

Al mismo tiempo, tenía viajes de negocios y un segundo empleo, nunca volvía a casa justo después de terminar la jornada laboral. Y cuando esto sucedía, me compraba una botella de vino e iba a las escaleras de un viejo edificio de 15 pisos donde vivía a fumar y escuchar las canciones deprimentes.

Cienfuegos, Cuba, diciembre 2018

Era una época muy alegre, con muchas personas, tragos y bares. Sin embargo, mi alegría, de hecho, era una manifestación de la depresión más profunda de todas. La sentía cuando me quedaba sola y, por ello, intentaba no estar sola nunca así como agotarme físicamente, pues es imposible analizar la vida y pensar, cuando el cuerpo ya no aguanta y necesita dormir.

Escapar a Colombia

Vivía con otra chica en un apartamento alquilado de una sola habitación. De estos departamentos que son como estudios – una habitación con un baño y una cocina (el tema de la vivienda es bastante complicado en Moscú). Vivía en una ciudad que no me gustaba, haciendo carrera en el trabajo que empecé a odiar e intentando relaciones con personas aun sabiendo de antemano que no iban a funcionar.

Otovalo, Ecuador, agosto 2017

Lo único que me daba felicidad era bailar en bares latinos y andar con los estudiantes latinos. Me sentía feliz con ellos, era fácil y agradable comunicarme y pasar tiempo con ellos. El único problema fue que siendo estudiantes, ellos estaban recibiendo educación universitaria (algo que ya había hecho), ellos estaban progresando, aprendiendo, construyendo algo, y yo no construía nada (o más bien construía algo que no quería construir en un lugar equivocado) no hacía nada productivo, solamente perdía el tiempo (o así me sentía). También soñaba mucho con viajar, soñaba que algún día iba a conocer el misterio de la América Latina.

Al final, la única solución que se me ocurrió fue comprar un boleto solo de ida para Colombia.

Encontré la felicidad en cada viaje, cada sitio que recorrí, pueblos llenos de colores vivos, gente alegre y espontánea, un verde intenso, un sol radiante, la música y los bailes.

Aprendí mucho, hice muchas cosas nuevas. Entendí que muchas veces la insatisfacción viene de no saber vivir, de no saber disfrutar, de nuestra propia actitud.

Aún así estar rodeada de gente alegre y vivir en el verano eterno ayuda mucho. Créeme!

Partiendo de cero: ¿por qué decidí huir a Colombia?
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