El Valle de la Luna, Chile, febrero 2018

¿Alguna vez te pasó que un evento que parecía pequeño e insignificante en su momento, después cambió tu vida por completo? A veces parece que el mundo tiene un cierto plan para nuestra vida. El mundo nos da señales bastante obvias, y si las seguimos podemos ser felices. Pero si resistimos a estas señales o no las tomamos en serio, resultamos privados de alegría.

Aquí te cuento de los pequeños eventos que radicalmente cambiaron mi vida.

Un encuentro casual

Cuando tenía 16 años, ingresé sin exámenes a una de las mejores universidades de Rusia (la Universidad de Relaciones Internacionales de Moscú), un día tal vez les cuente como sucedió. En mi universidad, todos los estudiantes obligatoriamente aprenden dos idiomas. Esta es quizás la característica principal y la gran ventaja de mi alma mater. En esta época yo odiaba tenazmente todos los idiomas, evitaba las clases de inglés, y tampoco tenía mucho cariño hacía mi propio idioma – el ruso.

En la solicitud de admisión escribí que quería aprender sueco, porque este me parecía el idioma europeo más misterioso e intrigante de todos. Después vagando por la universidad, me encontré accidentalmente a una señora, que me informó que yo iba a aprender alemán, porque resultó que en mi departamento no enseñaban sueco. Pensé que alemán era muy feo, y pedí un cambio de idioma. La única opción para el cambio era un grupo de español, en el cual se quedaba el último lugar.

Si no hubiera tropezado accidentalmente con la mujer, mi vida habría sido completamente diferente. No hubiese llegado a conocer la cultura latinoamericana y no hubiese ido a Colombia, y tú no estuvieras leyendo este blog ahora.

Un dialogo en la calle

A la edad de 18 años caminando sola cerca de la residencia estudiantil, me encontré con dos jóvenes, uno de los cuales con tiempo se convirtió en mi primer amor, el que dejó mi corazón completamente en pedazos.

Ese día, caminé por la avenida sin prestar atención a los dos jóvenes sentados en el banco, que me llamaron. Pero una hora después accidentalmente me encontré con ellos otra vez, ya en otro lugar. Yo estaba corriendo hacia la residencia, cuyas puertas se cerraban a la una de la mañana en punto. Uno de los muchachos amablemente sugirió acompañarme. Corriendo (literalmente) me dijo que no era casual encontrarnos en la calle por segunda vez y, con el pretexto de que a lo mejor era el destino, pidió mi número. Así comenzó una relación dramática, que me impactó, me sumergió en una depresión de dos años muy profunda, y luego me obligó a cambiar mi vida.

Un consejo

Cuando cumplí 19, mi querido profesor y mentor, viendo mi estado de depresión, me aconsejó que fuera a un programa de intercambio a España. En ese momento, me pareció completamente irreal, pero sus palabras se profundizaron en mi mente y, después de pensarlo, decidí que la única manera de deshacerme de la depresión era irme por un tiempo de Moscú, donde cada callejón cerca a la residencia me hacía recordarle a él.

En Asturias (norte de España), 2012

Por lo tanto, con días el consejo se convirtió en una idea, y ella, a su vez, se convirtió en una necesidad vital. Fui a España, y este viaje me cambió por completo, me abrió el mundo, me introdujo la cultura latinoamericana, me permitió mejorar mi idioma y me hizo la persona que soy ahora.

De ese modo, una encuentro casual, un diálogo en la calle y un consejo cardinalmente cambiaron mi vida. De una u otra manera todos estos eventos casuales me llevaron a América Latina. Estoy agradecida por los buenos eventos tanto como por los que en su momento me hicieron llorar y sufrir, porque todos me ayudaron a crecer y me dieron un empujón (o una patada) para que yo cambie.

No me enloquezco con las señales del mundo, no espero que plumas caigan del cielo y no busco “palabras clave” en los mensajes de televisión. Pero cuando yo misma quería hacer mi propio blog durante mucho tiempo; mucha gente completamente diferente me habló de esto durante 3 años; y de repente me encuentro en la casa de un hombre que ofrece ayudarme hacer un blog … Lo acepto como una clara señal del mundo y prefiero obedecer el destino 😉 , en lugar de soportar su rabia en el futuro.

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Providencia: cómo pequeños eventos llevan a grandes consecuencias
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